Sobre la izquierda y la explotación animal

El rechazo de una gran parte de la izquierda a reconocer (ni siquiera digamos a combatir) la explotación animal es bastante parecido al rechazo que durante décadas mostró contra cualquier consideración sobre el medio ambiente. Se niega el problema y se crean hombres de paja en la figura de animalistas irracionales, fanáticos del fitness, cultores del new age, burgueses aburridos o hippies incorregibles. Está claro que los hay, y está claro que ninguna crítica seria a la explotación animal o a la devastación del medio ambiente puede basarse en la exaltación de estilos de vida ni en propuestas individualistas ingenuas que niegan la política. El problema de la explotación animal está en el capitalismo, que tiende al dominio pleno de la vida de los animales y a su mercantilización absoluta, en armonía con el objetivo de la «autovalorización del capital», sin ninguna consideración ética. El capitalismo exprime a los animales destinados a la producción hasta el límite de que no hay segundo de su vida ni gramo de su cuerpo que no esté al servicio de la generación de ganancia. Es en esos animales en los que la idea de alienación cobra un sentido completo. El capitalismo los explota como explotaría a las personas si se lo permitiéramos, como exprime más a las mujeres y a los niños simplemente porque puede hacerlo.

Quienes de vez en cuando planteamos dentro de la izquierda el problema de la explotación animal no exigimos el compromiso inmediato de todos los compañeros atrás de la causa. Sabemos que hay muchos otros problemas, y que muchos de ellos son más apremiantes. No somos fanáticos monotemáticos. Lo que sí exigimos es respeto. Exigimos que la discusión no se entorpezca ni se ridiculice. Que no se recurra a la chicana ni a la descalificación. Que, a la hora de discutir, se deje de lado la apelación boba al instinto carnívoro, a la tradición nacional, al deseo irresistible del asadito y a otros argumentos conservadores irracionales por el estilo.

Necesitamos discutir seriamente, porque el problema es serio. Si llegamos a la conclusión de que no están dadas las condiciones para abordar ahora este asunto, es otro tema. Pero el desastre que el capitalismo está causando sobre la vida animal se merece que hablemos en serio.


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